Si alguna vez sentiste que el café de un avión sabe más amargo o menos intenso, no es tu imaginación. Diversos estudios han demostrado que la presión de la cabina y la baja humedad alteran temporalmente el funcionamiento de nuestras papilas gustativas y del olfato.
Durante un vuelo, la percepción de los sabores dulces y salados puede disminuir hasta en un 30 por ciento. Como el olfato también se reduce por el aire seco de la cabina, muchos alimentos y bebidas pierden parte de su sabor habitual.
Por esa razón, las aerolíneas diseñan sus menús de forma distinta a los de un restaurante en tierra. Algunos platillos incluyen más especias, hierbas o ingredientes con sabores intensos para compensar la disminución en la percepción del gusto.
La próxima vez que tomes café o comas durante un vuelo, recuerda que no cambió la receta: cambió la forma en que tu cuerpo percibe los sabores a miles de metros de altura.