Dos de las aerolíneas más importantes de México, Viva Aerobus y Volaris, anunciaron oficialmente su fusión bajo un nuevo grupo empresarial, una jugada que promete transformar el panorama del transporte aéreo de bajo costo en América Latina.
Cuando Volaris y Viva Aerobús anunciaron a finales de diciembre que habían llegado a un acuerdo para fusionarse y con ello crear un nuevo “grupo mexicano de aerolíneas”, surgieron inmediatamente todo tipo de preguntas. ¿Cómo es que estos dos competidores pudieron ponerse de acuerdo? ¿Permitirían las autoridades una operación de este tipo? ¿Implicará esto un aumento en el precio promedio de los boletos de avión?
Pero había una pregunta anterior a todo esto: ¿cómo es que lograron mantener en absoluto secreto una negociación de esta magnitud? Más allá de los equipos de alta dirección en las dos empresas y de sus respectivos consejos de administración —que debían estar enterados de estos planes desde meses antes— el comunicado oficial señala que Alfaro, Dávila & Scherer y UBS actuaron como asesores financieros de Viva, mientras que Cleary Gottlieb Steen & Hamilton, y Ritch, Mueller y Nicolau fueron sus asesores legales. Del lado de Volaris, Morgan Stanley ayudó con la asesoría financiera, y Latham & Watkins, y Mijares, Angoitia, Cortés y Fuentes, como asesores legales. FTI Consulting estuvo en la parte de comunicaciones estratégicas de Volaris. Tan solo aquí estamos hablando ya de 10 organizaciones distintas, y seguramente habrían participado también firmas contables y/o de planeación fiscal.
¿Será una nueva aerolínea?
Pese al acuerdo, Viva Aerobus y Volaris seguirán operando de forma independiente, con sus propios certificados, marcas y rutas. Eso sí, el objetivo es claro: expandir las opciones de viaje punto a punto y consolidarse como una potencia aérea regional.
“Continuarán ofreciendo tarifas bajas y altos estándares de calidad en sus servicios”, aseguraron las aerolíneas.
Y claro: aún y cuando el acuerdo requiere todavía de una aprobación formal gubernamental (incluyendo la de Comisión Nacional Antimonopolio, que reemplazó a COFECE), es de esperarse que el tema se haya tocado previamente con algunas autoridades, así fuera a nivel conceptual. Antes de emprender una negociación tan compleja y de interés para tantas partes —y en una de las industrias más reguladas— es altamente probable que hayan presentado el concepto a alguien en el gobierno.
O sea, más gente que se habría enterado de que esto venía en camino.
En fin, muchas, muchas personas sabían que esto estaba negociándose, y el proceso habrá durado, sin duda, meses.