Buenas mis queridos padawans interesados en la política internacional, hoy les vengo a contar que hace unos días, la Asamblea Legislativa de El Salvador, controlada por su presidente Nayib Bukele, dio luz verde de forma exprés a reformas constitucionales que permiten al mandatario y su séquito a perpetuarse en el poder. Aprobaron la reelección indefinida en el cargo de presidente, como ya lo había hecho Chávez en Venezuela u Ortega en Nicaragua.
Aprobaron que el periodo pase de cinco a seis años y que ya no se necesite la mitad de los votos más uno para ser electo, sino que un solo voto y ya está. Sin embargo, esto no termina aquí, también votaron por adelantar, solo por esta vez, las próximas elecciones y que, en lugar de que ocurran en 2029, como debería ser, sean en 2027.
¿Y esto en qué afecta? Pues en 2027 hay o había elecciones legislativas y la aprobación de los diputados es mucho menor que la de Bukele por lo que necesitan el manto protector de la figura de su líder para conservar su escaño y seguir apretando el botón cuando el mandatario (guiño, guiño) lo ordene.
Cabe destacar que Bukele ya logró expulsar del país a decenas de periodistas y defensores de derechos humanos, ocupará lo que queda de 2025 y todo 2026 para terminar de exiliar o encarcelar a quienes aún quedan en el país plantando valientemente sus críticas ante la dictadura. Pero también habrá purgas internas, para que solo queden aquellos que tienen suficiente miedo y ninguna duda: lealtad total.
Analistas señalan que la represión Estatal que vendrá será cada vez mayor. Si los salvadoreños creen que en mayo y junio de este 2025 han visto al dictador enfurecido encadenando encarcelamientos y leyes y exilios para dejar claro su talante, pueden esperar algo mucho peor. Por último, les recuerdo que el mandatario recortó fondos de Educación y Salud para 2025, mientras que aumentó el del Ejército, no preparándose para alguna guerra contra otro país, sino para reprimir a lo que ya bautizó, sin un ápice de creatividad, como “el enemigo interno”.