Buenas mis queridos padawans, hoy les vengo a contar que a finales del mes de agosto, en la alcaldía Cuauhtémoc de la Ciudad de México se registraron dos desalojos forzosos: uno en República de Cuba 11 y otro en Tonalá 125, en la Roma Norte. Familias con décadas de residencia se vieron desalojadas sin aviso previo, con reclamos de violencia y demolición de sus pertenencias en plena calle. Colectivos como el Frente por la Vivienda Joven denunciaron que la operación va más allá de una orden judicial: se trataría de una limpieza urbana para preparar espacios que luego se convertirán en alojamientos temporales o turísticos con vistas al Mundial 2026.
La entidad atraviesa una grave crisis de vivienda: las rentas en zonas céntricas como Roma, Condesa y Coyoacán han subido más del 140%, mientras que la oferta de vivienda económica permanece reducida. El uso creciente de plataformas como Airbnb, en combinación con la falta de regulación efectiva, ha transformado barrios residenciales en zonas de consumo turístico, desplazando a residentes históricos y erosionando el tejido social. Pese a esto, medidas como el plan “Bando 1” y una reforma a la Ley de Turismo siguen sin implementarse en su mayoría.
Sin embargo esto no sucede únicamente en la CDMX, pues si bien Guadalajara, otra sede mundialista, no ha registrado desalojos tan visibles, ahí la gentrificación avanza silenciosa y eficaz. La declaratoria de la colonia Americana como “Barrio Mágico” ha acelerado la turistificación, vulnerable ante plataformas como Airbnb y nuevos desarrollos de alto costo. En la Americana, una de cada cinco viviendas ya funciona como renta temporal, mientras en colonias como Obrera el porcentaje sube a casi una de cada tres, provocando un éxodo tangible de residentes de largo plazo. El fenómeno no se limita al centro tapatío; zonas como Providencia o Puerta de Hierro registran precios que alcanzan rentas de hasta 50,000 pesos mensuales, imposibles para la mayoría.
El paralelismo entre ambas ciudades no es casual. Tanto en Ciudad de México como en Guadalajara, la “limpieza urbana” —previa a un evento cultural o deportivo— se impulsa desde políticas que favorecen la inversión inmobiliaria y el turismo sobre los derechos de habitantes tradicionales. En CDMX, esto abre puertas a alojamientos temporales y zonas “vistosas” para el Mundial; en Guadalajara, la gentrificación alimenta el turismo interno e internacional, vacía la autenticidad vecinal y ahuyenta a quienes construyeron la memoria urbana. El reto sigue abierto: ¿quién merece una ciudad diseñada para todos y no solo para quienes pueden pagar el boleto?